30 de abril de 2014

La huida

Sólo me bastaba con el único ojo que aún conservo para apreciar tanta belleza junta. Aquella tarde, el sol se asomaba entre grandes nubes en tránsito iluminando toda la montaña. En el claro que me encontraba el viento agitaba las copas de los grandes pinos, aquellos que hasta el día de hoy, son mi compañía.
De un momento a otro, mi cuerpo se llenó de energía y me acordé de lo que significaba estar vivo. Ni un segundo perdí, comencé a saltar por todos lados, a correr entre los infinitos bosques disfrutando del dulce aroma de las primeras flores de la temporada, me liberé por los prados de trigo y me revolqué en la tierra, entregando finalmente mi cuerpo desnudo frente al sol.
Él, con su calor, me apaciguó, me tomó entre sus brazos e hizo desaparecer todos aquellos recuerdos grises del pasado: las noches en vela, el frío imperante, la lluvia y aquella batalla inolvidable que me quitó mi ojo y a mi más querido compañero, a mi amigo más fiel.
Sólo en cosa de minutos, todo aquello quedó atrás, sepultado bajo la ciudad podrida en la cual había vagabundeado desde que tenía memoria.
Y hace 4 años que estoy aquí y no pienso salir.
He encontrado abrigo entre el bosque y los arbustos, he encontrado amistad entre los pájaros y los zorros, y encontré también la soledad, la fría y suave sangre negra. La soledad es ciertamente una paz oscura, un escudo de acero que se mantiene firme y erguido protegiendo nuestro equilibrio, nuestro ser y nuestra historia. Y nosotros sí que tenemos historia.
Una vez escuché a un humano decir: “Nuestra imaginación es lo mucho y nada que podemos saber de la vida de los perros callejeros.”
Cuánta razón tenía…

Thor 

Agranda la puerta

Agranda la puerta, Padre,
porque no puedo pasar;
la hiciste para los niños.
Yo he crecido, a mi pesar.

Si no me agrandas la puerta,
achícame, por piedad,
vuélveme a la edad bendita
en que vivir es soñar.

Miguel de Unamuno 

29 de abril de 2014

Te intenté pintar

Traviesas palabras que brotan de sus labios
son sonidos, notas, de un pasado enjaulado por pasiones lejanas
siembran viejas utopías
actos políticos producido por la ciega locura
cada rincón de su piel
es una chispa capaz de prender un bosque
un ángel, perfecta imperfección
es tan... ¡me siento tan...! ¡ella es tan...! ¡su mirada provoca en mi...! ¡lejos lo más...!
no puedo... perdón...
¿Qué quieren de mi? ¿un poema cierto? Tal vez con algunas metáforas, algunas anáforas por aquí, por allá, tal vez algo sencillo pero astuto, que te saque una sonrisa, tal vez te haga recordar a una mujer que te hizo soñar, o tal vez que diga algo tan fuerte que te saque una lagrima, tal vez que te haga enojar, ¿eso quieres? Déjame decirte algo, he intentado escribir cientos de versos, me inspiro en todo, la recuerdo desde cada ángulo, me río de cada chiste que dijo, casi como un pintor, la tengo al frente mío e intento de pintarla con palabras, ¡pero no puedo! Lo que viví, y lo que es ella no tiene palabras, sólo "es", lo lamento, enserio, te quería compartir tan hermosa sensación, pero cada vez que releo los versos me da rabia, ¡me siento estúpido! No estoy siendo fiel a la realidad, no podré nunca con palabras expresar lo que su mirada provoca en mí, lo que sus palabras brotan en mi alma.
Hoydia, la poesía murio para mi.

Tristan






27 de abril de 2014

Habladurías

A veces me asaltan las dudas.
Son muchas las voces que resuenan en aquellos túneles oscuros, húmedos y fríos. Las goteras también se oyen creando así una siniestra y espeluznante caminata en medio de un eco demente. Ya nada resulta evidente sin antes una pequeña discusión, somos muchos y hay que ponerse de acuerdo.
Un paso sigue dudoso a otro.
Hay momentos en que la razón no aparece, ella simplemente se escurre entre las palabras, la política y míseros murmullos. De ahí, brota la inercia, el vacío infernal de una cúpula gigante sin materia sin ley.
Pisa y verás, descalzo y sin disfraz.

Anónimo

Huellas

Ni leyes ni principios, ni caminos ni atajos. La tinta se derrama libremente en el papel, tan libre que no sé si es mi mano quien la conduce, ni siquiera sé si soy yo quien se expresa. Son muchos los que habitan en mí, y a veces por las noches, los oigo murmurar: gritan, lloran, discuten...
Hoy escribo en busca del consenso, hoy escribo para transformarme en la voz oficial de aquellos ciegos que me hacen funcionar como una marioneta.

Elias Roth

25 de abril de 2014

El peso en su espalda.

     Vivía en un submundo, en una cloaca hecha de rocas, en donde la única luz que iluminaba esta sucia grieta era el pálido resplandor de sus reflexiones, del dolor intrínseco que le carcomía en su mente por ver que a su alrededor no habían más que sombras, es decir, era el pálido resplandor de un simpático, pero inútil, aleteo de un naufrago en alta mar que ansía desesperadamente un puerto donde poder anclar, el resplandor de una pregunta en sus ojos, de un porqué.

     Este viejo agricultor conocía la consecuencia, su soledad, pero anhelaba entender la causa. En ese mismo instante con intuición, como cuando un bebe recién nacido logra reconocer a su madre por su simple olor, comenzó a contemplar su alrededor en busca de su respuesta. Pero entre tanta oscuridad sólo vio hormigas que le subían por los talones alimentándose de él sin compasión. Confundido y en un impulso irrevocable de ira tomo su bastón y lo lanzo con sus imponentes manos, las que terminaban en unas sucias y gruesas uñas que daban muestra de haber fracasado y vuelto a levantarse tantas veces, como tantas veces vio el atardecer al arar la tierra mientras ya pensaba en la siembra del día siguiente. El pobre viejo hombre sufrió de excesivo afán por el trabajo, por el ser bien visto , por la lucha de ideales que el no compartía, pero que sabía que debía compartir. Decepcionado de si mismo y defraudado de su búsqueda, este compacto hombre, de pequeño tamaño, y piernas tan firmes que se le asemejaban a las raíces de un gran y portentoso árbol, decidió sentarse. Aquel agricultor, que acostumbraba cosechar año a año sus más grandes pesares, esperanzas y amores, al intentar equilibrarse con sus largos y longevos brazos, los que eran casi tan largo como sus piernas, viéndose así con un aire más simiesco que humano, notó que algo le impedía apoyar sus posaderas en el frío y rocoso suelo. Pues, éste viejo ser humano, cargaba en su lomo una mochila. Una mochila de colosales proporciones, que de tan sólo mirarla causaba ya la sensación de contener algo más que enormes rocas, más que un puñado de logísticas creencias, modismos culturales e inquietudes prolongadas por el transcurrir de su vida. Una mochila que parecía cargar todos los pecados mundanos, cargar todo lo que pudiese llegar a imaginar un pintor al sentir un pincel entre sus dedos mientras lo unta en el bote de pintura, parecía cargar los incontables verbos y adjetivos que cruzan en la mente de un escritos, en una fría y brumosa noche de otoño.
Fue ahí, despegándose la mochila de la piel, que aterrorizado comenzó su frenética y agobiante búsqueda. Buscó y buscó sin detenerse, pero entre más indagaba más temor sentía , pues comenzaba ya a entender la causa, a entender el porqué. Jadeante, tumbado en el piso y casi sin aliento nuestro agricultor ceso su búsqueda. Ya comprendía, e incluso, justificaba su soledad, pues tenía su tan anhelada respuesta. El problema yacía en que en éste enorme peso que cargaba en sus hombros tenía de todo, menos su alma.


Lak-Ant.

23 de abril de 2014

Mudos que hablan

Son mis sueños mudos y olvidadizos. Sin embargo, luchan y pujan, se arrebatan entre ellos, me confunden...

Hoy, soy la voz de aquellos que se apropian de mis noches, de esos que agitan mi respiración a la madrugada o de los que clavan estacas en las heridas suturadas. 

"el pasillo es infinito las paredes oscuras acompañan mis pisadas nadie en la primera puerta nadie en el salón algo apura un tic tac un ruido ensordecedor más fuerte y más fuerte el que corre muere camino rápido pero alguien me pisa los talones o caer o vivir o caer o vivir... Caer." 

"las voces retumban en el bosque el eco viaja por los recovecos de mi alma el grito me hace llorar como una tarde de invierno hace frío y no tengo protección el viento sacude mi cara el viento sacude mi cuerpo y no hay nadie de estos árboles que pueda cobijar mis miedos..." 

"un cajón una pluma y miel derretida no hay manos no hay pies no hay luz no hay salida..."

"gente edificio salto floto caigo corro..."

"¿real o ficción?"

Elias Roth